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9 oct. 2010

Instructora



-Es que no sé bailar. ¿Cuántas veces tendré que decirlo?

-Sí sabes Bonita. Todo empieza con la música, un par de acordes contenidos en el cuerpo, bulerías en los pies, tango en el torso y cuello, jazz en las manos...

-¿Por qué tango en mi cuello?

-Porque así puedo decir que bebí tango de la espalda femenina… que me llenaron de caricias y jazz, que me enamoró una mujer con su melancolía al dar un paso y otro y otro y otro…

-¿Estás enferma?

-Sí. El juicio me ataca…

-¿El… juicio? ¿Problemas legales?

-No, las muelas del juicio…dolores de cabeza, molestar. Pero, no me cambies el tema… ¿Dices que no sabes bailar?

-No, no lo sé.

-¿Entonces… por qué eres instructora de baile?

-Para que las alumnas lleguen y me conquisten.

-¡Ah! ¿Y yo cómo voy?

-De maravilla, con el ‘Bonita’ me ganaste…

-¿Y mi discurso poético…no ayudó un poquito?

-No, tú tienes toda la pinta de hablar y hablar y hablar.

-Pero…Es que yo sé querer mejor con palabras, con letras entrelazadas a la música, con los acordes contenidos…

-Sí, por eso me vas a conquistar… Yo, música. Tú, letra.

-Entonces sí es que te voy a conquistar creo nuestro único enemigo será mi juicio…

-No, eso ya lo tengo pensado. Con una extracción bastará