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29 may. 2011


Men.ti.ro.sa


La playa se diluvió en la lluvia. Viste al horizonte y juraste que sería la única vez que dirías o analizarías en ese tema innombrable. Corriste por la orilla de la nube y con tus piecitos trazaste en mi cabeza de algodón: Te amo.

Domingo

Pido perdón, tú te niegas, dices que todo está bien, que ni siquiera lo notaste. El sábado estaba bien, hoy no lo está. Tomas tu suéter, dices que vas de visita con tu madre, no tardarás.

Llevo tres años esperándote, cuando vuelves es en domingo. Aún me odias por haberte llamado Lunes. Pido perdón.

10 may. 2011

Insomnio

No quiero más palabras mutiladas, ni recuerdos de ti. Ni cielos azules o alcobas que huelan a ti. No quiero la memoria de lo que no fue. Ni siquiera deseo lo que no será. Sólo me martirizo escribiendo de quien se fue a media nota, quien no pudo amar con la plenitud de la luna llena.


Y aunque mis palabras sean tan burdas como lo han sido siempre aún tengo tu mano en mi cadera, sujetándola con la fuerza debida.

Mis lágrimas aún tienen el sabor ajenjo de tu boca.

Debí bailarte sólo una vez, para que recordaras cada parte de mi ser. Para que no te fueras tan rápido o debí quizá no dejar que entraras así, sin pedir permiso, sin demostrar alguna muestra de respeto y cordialidad. Debí no ser una niña más. No hablar de lo que todos hablan. Debí amarte sin mi único encanto: las palabras.

Debí no jurar amor, no amarte, para así amarte sin saberlo, sin que nadie lo sospechara, para que al acabar la noche durmieras con el sabor de lo que todos hablan y sin preocupación de tiempo o espacio todos reprochen que no, no es amor.

Así debió de ser. Sin formulas ni añoranzas, sólo tu mano en mi cadera, que no la quitaras en ningún momento. Yo amándote sin saberlo, sin decirlo. Tú huyendo, como siempre…

8 may. 2011

Nuevos caminos a Marte

Todas las mañanas ponías tango, comenzabas los rituales musicales con tarareos, sonrisas, balanceabas tu cadera a todas las direcciones; creabas un nuevo mapa a Marte. El aroma de tus mil alimentos y mi única taza de café hacían que nos acostumbráramos al verdadero aroma de la casa, tu cabello pelirrojo aún húmedo del perfume de jazmines, mi cuerpo bañado en ungüentos y soledad...

De Rojo

Me gustan esos lapicitos rojos, los de punta pequeña, pareciera que tienen el carmín de tu boca. Serán mis favoritos, siempre lo han sido. No sólo por tu recuerdo,  también tienen la imagen de mi madre corrigiendo como loca sus notas con tintas rojas; o la de mi abuela que cuando yo era más pequeña garabateaba carillas felices en las yemas de sus dedos y los disfrazaba para mí. Todas en rojo. Todas las mujeres de mi vida vistiendo de rojo.