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8 ene. 2010

Inercia



Silencio, todo silencio.
Tu paso cercano a mi alcoba,
pides a gritos mi compañía,
esperas paciente;
no te quiero oír…
No quiero saber que existes.

Veo el espejo;
miro un rostro que resulta ser común,
un nariz pequeña,
ojos serenos,
labios mentirosos.
Veo una realidad equivoca.

Escondo mi rostro entre las manos,
cierro los ojos y los aprieto fuerte;
“como si esto en verdad funcionara
para no perder los sueños”.
Te cansas y te vas al trabajo,
prometes volver temprano.

El silencio… mi silencio;
me acompaña en la ironía de mi tormento.

Veo el espejo,
me veo,
no soy yo.
El pudor se vuelve mi máscara.

Al fin llegas.
Tu voz es fuerte;
mis manos sudorosas
tiemblan al escucharte.
Quiero esconderme entre las sabanas;
apretar los ojos
y convencerme que no existes…

Devoras mi cuerpo en caricias;
los labios mentirosos que te besan por inercia,
dicen te quiero en un suspiro entrecortado.
Arqueo la espalda desnuda,
mientras que la imagen del espejo
me da la fuerza para seguir atada a tu locura.





1 comentario:

Mujer de Estrellas dijo...

Este ha sido el poema que más he disfrutado escribir y con el que más catarsis hice... no sé a ciencia cierta que es lo que tiene, pero los otros poemas tienen algo no tan mío....

Los labios mentiros, las manos sudorarosas; e incluso el silencio es algo que siempre he sentido que es parte de quién soy...